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sábado, 13 de septiembre de 2008

En puertas del Bicentenario, héroes y villanos

Estamos en vísperas del Bicentenario de la Independencia de México, y del Centenario de la Revolución Mexicana.

Ambos acontecimientos tienen un caprichoso ciclo que forma un común denominador, y sobre todo, llama la atención de quienes buscan en la numerología explicaciones de algunos fenómenos. La guerra por la Independencia de México tuvo lugar de 1810 a 1821; la Revolución de 1910 a 1921.

Algunas personas, bajo la infundada creencia de que hay matemáticos ciclos históricos que se deben cumplir, presienten que en México habrá un gran evento social para el 2010, a partir de las coincidencias de las fechas mencionadas, que corresponden a la Independencia y la revolución.

A esto se puede agregar parte de un binomio, pues la Conquista de México culminó en 1521, no obstante, en 1510, no hubo acontecimiento alguno que se pueda equiparar en importancia a los anteriores.

Tampoco durante el siglo XVII hubo acontecimientos dignos de mención, en los años 1610-1621.

Sin embargo, al llegar el Bicentenario de nuestra Independencia y el Centenario de nuestra Revolución, en todos nosotros está el poder contribuir para salir del atolladero en el que nos encontramos, en materia de delincuencia, corrupción, y otros vicios más, que son causas que sólo dan vergüenza y nos empequeñecen como nación libre y soberana.

Lo que muchos historiadores consideran importante es que se aproveche la cercanía del Bicentenario y el Centenario de la Revolución, para hacer un examen de conciencia y una revisión histórica de todos los acontecimientos, porque es necesario aprovechar las experiencias para evitar errores y enderezar el rumbo.

A partir de este revisión documental, México podrá engrandecerse a través de la reconciliación histórica, porque en muchos libros se presentan a los protagonistas de importantes episodios como héroes o villanos, pero en realidad, unos y otros, liberales y conservadores, cada quien en su momento y desde su posición, han sido forjadores de nuestra historia, de nuestra cultura y nuestra patria.

España, en estas fechas, después de padecer ensangrentadas páginas de su historia, ha propuesto un camino de transparencia y reconciliación. Este camino, ecléctico y reconciliador, apunta más hacia la democracia y prepara el camino del porvenir.